La paternidad es un tema que ha rondado muchas veces mi cabeza. Es más, conozco a un par de personas que lo están viviendo actualmente. De ello, sólo puedo extraer que la gravidez de ese momento hace florecer a aquellas almas que decidieron dar rienda suelta a la gestación.
De niño siempre pensé en la palabra Adopción. La relacionaba con que el ser un infante que llevase esa característica, inevitablemente te hacia mirar la vida de otra manera, impugnando que nada de lo que te pertenece, realmente te pertenece.
Hoy, intuyo que la Adopción o el acto de adoptar, circunda una carga de amor recóndita y desinteresada, en especial cuando se trata de una manera de formar o ampliar una familia que por diferentes circunstancias carece de la posibilidad de ser padres.
Sea cuál sea la razón, para muchos, el adoptar un niño implica el acto de amor más notable hecho. Es sabido que en nuestro país, este proceso –en ocasiones- es largo y está plagado de trámites, dudas e incertidumbres, pero también se ha conocido que cuando el mágico momento del encuentro entre un pequeño y su nueva familia se produce, todo cobra un nuevo sentido.
Acá surgen inmediatamente las preguntas: ¿En qué consiste este proceso? Y ¿Es muy difícil adoptar en Chile?
Impregnándome en conocer sobre el tema, abrí el pequeño diccionario que se encuentra en mi desordenado escritorio- oficina-dormitorio y esté me dice que el adoptar es la acción de prohijar; a su vez prohijar significa recibir como hijo.
Tras este baño de conocimiento, el artículo 10 de la ley vigente N°19.620 de nuestro país, define al programa de adopción como un proceso destinados a gestionar al niño una familia garante, esto, hecho por profesionales especialistas y autorizados en el área de la adopción.
Este proceso lo pueden realizar personas mayores de 25 y menores de 60 años. Objetando que se pueden flexibilizar si hay un lazo de sangre entre el niño y sus futuros padres.
También debe existir una diferencia de edad de por lo menos 20 años, en caso de ser casados, dos años de lazo matrimonial, a menos que uno o ambos sean infértiles y finalmente, haber superado las exámenes físicas, mentales y sicológicas impuestos por el Servicio Nacional de Menores u otra institución certificada para desarrollar programas de adopción.
Luego se da la posibilidad a maridos chilenos o extranjeros no residentes en nuestro país y finalmente, si los interesados que cumplen con el orden de prioridades no se interesan por un menor, pueden optar a amparar un niño los solteros, viudos o separados.
El proceso es más difícil si el niño es mayor de cinco años puesto que implica que ha vivido por más tiempo el abandono y supone que ha coexistido más tiempo compitiendo por la atención y el cariño de las “tías” en el hogar de menores o, en casos más graves, el maltrato de sus progenitores.
Para el Servicio Nacional de Menores el tema de la Adopción es su gran motor de trabajo. Ellos han implementado diferentes programas que ayudan y facilitan el proceso de adquirir y entregar a una familia a un niño necesitado.
A finales del año 2005, la institución presentó un catastro de la adopción de menores segmentada por regiones. Claramente el trámite es más recurrente en la Región Metropolitana, puesto que es allí donde se concentra la mayor cantidad de personas asiduas al tema.
Conversando con un grupo de amigos sobre el tema quedó expuesto (en aquella informal reunión) que la adopción es una de tantas opciones para formar o ampliar la familia, pro no cabe duda que en todo este proceso lo más claro es el amor.
Hay casos en que las parejas han adoptado niños mayores, varios hermanos, pequeños con algún tipo de invalidez o niños que ni siquiera pertenecen a su propia cultura dando así un ejemplo notorio que el amor no tiene fines...