viernes, diciembre 28, 2007

Viaja Clemente


Leía la carta de Cristian Warnken dedicada a su hijo Clemente. Se esbozaba la muerte del muchacho que partió desde su propia casa hasta quizás no sé donde.

Pensaba en la muerte. En lo qué se siente con la muerte, en cómo se vive la muerte. También recordaba mis propias muertes. Mis propias vidas. Fantasías, luchas de existencia, historias de muertes.

Creo que la columna del autor chileno le hace bien a su reconciliación con el suceso. Con los compromisos a solucionar sus penas.

Imagino la muerte de un hijo. Ideó la posibilidad de sentir un poco más de alegrías en esos momentos. Se me erotizó la piel al leer esta columna. La columna de un niño llamado Clemente, que ahora es de todos nosotros.

Si quieres leer la columna haz clic en el link.

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2007/12/27/clemente.asp

miércoles, noviembre 21, 2007

Una guerra en su cuerpo


Ella se transformó en el último de los brillos de esa noche. Tranquila caminó rumbo a su velador, perfumó sus sabanas y se acurrucó a la orilla derecha, pegada a la pared.

Martín corrió disimulando una huída. El reportaje de José María Rodríguez estaba en su cabeza. Su tesis universitaria no le permitía sueño reparador.

La poesía y los cuentos de Barreto eran su alimento. La discusión sin sentido con su amigo Torres, su vía de escape.

El sexo fue a ratos furioso. Despacio por momento y alocado por otros. Sus dedos recorrieron aquella espalda pecosa. Alba como la camiseta del campeón de campeones.

Sus besos eran balazos que rompían sus labios. Dios mandaba a no entender absolutamente nada. Ser una araña que duerme en su rincón.

El rigor de esa noche afectó profundamente a mi amigo, pues volvió a soñar que sangraba el asfalto. Que le amaban a escondidas. Que Colo Colo era campeón y que el reportaje del mutilado veterano de la batalla de 1879 era publicado.

Las anécdotas graciosas no se encuentran en este rincón olvidado. Los ojos volvieron a llorar sangre y las palabras se transformaron en algo no escuchado.

Se vendió por unos brazos que buscaban cariño fácil. Como el reconocido por siempre.

Mi verdadero amigo Martín me reclama que no lo incluya en mis cuentos. En tanto, su mujer se ríe a carcajadas. Ella no entiende nada...

sábado, noviembre 10, 2007

Pretexto


Nuestro encuentro fue casual.

De profesor a alumna; de compañero mayor a primeriza; de editor a editada; de niño a niña; de mujer a hombre; de miradas, risas y su mano en mi brazo a miradas que no dijeron nada o de un hambriento que tras la labor desempeñada recibió un alfajor y una bolsita de maní, pasa y almendras.

La fatiga se dormía en mis brazos.

La soledad se burlaba nuevamente, lo desafectado de pudrió y las ilusiones florecen.

Pequeña criatura vestida como la hija que no llegó.

Ondulais natural. Sanamente dispuesta a disparar una bala en plena sien.

Dividiendo besos. El trabajo merecía algo más. El esfuerzo fue total.

La despedida llegó plenamente y la basura acumulada en el tacho quedó como reflejo del segundo de sueño.

Miles de muertes han acaecido. La música dejó sus partituras inconclusas y al parecer ella busca algo más.

No quedó satisfecha con la edición... y yo tampoco...

domingo, octubre 28, 2007

¿Dónde estará el futuro?


No puedo recordar su nombre. Ricardo Retamales o Ricardo Retamal. Compañero de la colegiatura más pendeja que se tiene. Cursos en que nadie aspiraba a nada; no se compite y menos había lugar para desgracias.

Buena velada a orillas de Pio Nono. Mucha Heinekenn. Mucho tabaco. Muchas horas de conversaciones rememorando futuros y pasados que pasaron sin pena y con mucha gloria.

Acuchillamos a las estrellas con las pupilas dilatadas en imágenes con camisas blancas, pantalones plomos, chalecos pingüinos y una fea corbata con las insignia del viejo colegio destruido por la modernidad.

No entendíamos de política, ni de religiones, ni de amores ni de muertes. Ni de frivolidades, ni de desleales, ni de la vieja Mercedes que murió esperando que le diéramos las gracias por lo enseñado.

Hablamos de cosas bonitas, con los ojos cristalizados.

Buena suerte, hombre...buena suerte!!

miércoles, octubre 17, 2007

Las Palomas Doradas


"Las tumbas son para los muertos y las flores para sentirse bien...”.

Eso dice una canción de los Fabulosos argentinos que trascendieron en mis oídos. Muchos temas han muerto desde el día en que te marchaste necesariamente. Ahora lo entiendo perfectamente.

Sabías que las personas se mueren y no vuelven a vivir.

Sabías que tras muchos años de espera, hasta un buen plato de caca sabe rico.

Esperabas un comportamiento ejemplar a orillas del caótico ruido de la ciudad que está en llamas.

Los labios parecían olvidados, muertos el día en que brotaron y se apaciguaron lentamente tras los cúmulos olvidados.

Te quiero tan cual eres; con la mirada muerta en los niños terroristas. Las palomas que se movían tan rápido como querían. La tecnología abrumaba mi cabeza, mi bolsillo y todo lo demás.

Eres lo único real que tengo y te encuentras en otra galaxia.

Actualmente vivo en la década de los olvidados, los muertos saborean alcohol puro, y la saliva se desagua tras el último de los sorbos.

Aucas aparecieron tras nuestra caminata oscura, el dilema de la existencia se torcía como el amarillo crepúsculo que tanto detesto.

lunes, octubre 01, 2007

Sigue Riéndote...


Sigue descoyuntándote de aquellas cosas que extrañamente se transforman. Porque esa noche no volverá; siempre y cuando yo lo quiera.

Mis amigos gay me susurran al oído –con mi consentimiento- que debo cambiar la táctica. Algo así como embetunarme en tus historias hasta el punto de lograr un orgasmo fingido.

La verdad es que me siento un poco muerto; sin ganas; sin pasión; sin vergüenza y sin sonidos.

No creo ni en mis instintos. Ellos me han defraudado sin mi consentimiento; me comentan que mientes en todo momento, en todas partes a todo el mundo y, sin temblar.

No me puedo olvidar de aquella mañana cuando felices miramos espejos y las manos me sudaban cual nerviosismo empedernido.

No buscando señales ajenas, porque quiero mi nombre en tus labios y que los errores se transformen en virtudes.

Mi horario se encuentra ordenado, nada lo inmuta. Los papeles en mi oficina imaginaria siguen desordenados. Y las palabras perdidas.

No he ido a firmar en días y se me acaba la semana. Me arriesgo a que carabineros me atrape y me condene como a tantos.

Las calles de Santiago siguen en el suelo. Y sigo siendo un cobarde que le miente al mundo. Es más fácil. Es más tentador. Es más basura y más humano.

Las historias tienen ese final que huele a mierda. A ausencia mezclada con paz. Prefiero caminar boca abajo, no mirando rostros, dejando que piensen que soy un delincuente que les quiere robar la cartera.

Las historias se terminan como las trasmisiones televisivas y las palabras al cierre se me hacen coherentes.

Me acabo de quemar el hocico fumando de ese Belmont. Los paraísos siguen desiertos, los rumores abundan en todas partes y acabo de aprender que los sueños se hacen despiertos; son más entretenidos y siempre salgo victorioso.

Sigue riéndote pero no de mí...

miércoles, septiembre 26, 2007

Una Piedra



Estábamos los dos sentados en su sillón de plumas de ganso. Nos habíamos conocido hace años pero ambos nos evitábamos. Sabíamos que más tarde que temprano iba ocurrir el milagro de mirarse sin decir nada.

Los dos teníamos el corazón hecho pedazos. Como aparece en aquellas tragedias griegas que tanto nos gustan leer y que sabemos que te matan al abrir el libro.

- Eres como un vulgar educado. Pareces un extraño que todo lo sabe. Quiero vivirme este momento despacito y sin tormentos. Y si quieres irte, sale de inmediato para que me duela menos, me dijo al instante.

La mire sinceramente. Argumenté que el pisco sour estaba demasiado agrio. No quise decir nada porque sabía que temprano debía marcharme. El trabajo en la universidad es intenso.

El foco mental se me alumbró y después de beber un poco más de ese pésimo pisco que dignamente había preparado, pregunté torpemente, como no sabiendo lo que decía.

- ¿Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Ellos habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza?

Y ella me contestó:

- No, en la mitología griega Sísifo, fue hijo de Eolo y Enarete y marido de Mérope y fundador y rey de Éfir; fue condenado en el infierno a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio.

- ¿Acaso el amor no parece a veces esa piedra?, pregunte de inmediato.

El silencio se apoderó de la habitación. Ismael Serrano dejó de cantar y nos pidió explicaciones por la conversación sin sentido.

- Claro, -atiné a decir- porque no es cierto que no está perdido aquello que nunca fue... y esto no es real. Ambos somos muertos.

Una lágrima brotó de su ojo derecho y la seguía una línea negra.

Comprendí que era hora de marcharme y que aún estaba infectado con el virus del miedo.

miércoles, septiembre 19, 2007

Pastillas de Respeto




Al parecer las llamas que dejó este rincón fueron sobrecogedoras. No me acuerdo de haber sobrecogido a nadie.

Un machista me dijo que las mujeres son como los buses del Transantiago; te bajas de una para subirte a otra que tampoco te sirve.

Yo prefiero caminar, es más sano, no contamino y conozco la ciudad.

Quiero una Coca Cola bien helada para pasar el mal momento.

Supongo que los anónimos tienen un nombre.

Nadie entendió mis actitudes.

En ocasiones me marcho para no decir la última palabra, esa que hace daño.

Nadie reclama nada, porque nunca tuvieron nada.

lunes, septiembre 03, 2007

Una Idiotez


Desperté asustado.

Tenía sed.

Era periodista de espectáculos y estaba en un backstage.

Sin darme cuenta me encontraba frente a Lily Allen, esa chica londinense de 21 años que bebe cerveza y fuma mientras canta.

Hablaba perfectamente ingles y la entrevista fluía de lo lindo.

Nos reímos a moco tendido y me coqueteó como raras veces me ocurre.

Dormimos juntitos y las palabras sobraban.

sábado, agosto 18, 2007

Desde la ánfora


Mi madre llora. Mi padre es cruel. Mis amigos vuelven a generar esa rara sensación de felicidad. Hubo mucho alcohol.

La mente desaparece y le da paso al cansancio; a la fatiga. No puedo bañarme, el gas se acabó. Tamara me dice que actualice el blog. Creo que nadie lo visita.

Solamente el grunge invade mi cabeza. Camilo no me deja pensar. Kurt Cobain se ríe desde su ánfora. Nuestras gastritis son nefastas. Nos carcomen la vida, lentamente y sin apuros. Lo distinto es que no conozco la heroína.

Tengo miedos. Sueño que soy expulsado de todas partes y que nunca viviré en ninguna parte. Eso es redundante. No quiero llegar y encontrar muerto a mi padre. Le temo a la delincuencia y estoy feliz por tu nuevo trabajo.

Salgo nervioso a la calle. Las chaquetas de cotelé me dan un estilo diferente, quizás muy periodístico, quizás muy chistocistico. Extraño a mucha gente. Nunca llamo para saber de ellos. Me niego a mirar para atrás, no sirve para nada.

Las partituras están inconclusas y muy lateras. Tanto, como este relato grunge...

lunes, julio 30, 2007

La Puerta


La puerta quedó entreabierta. Disimulando un desinterés. Algo oculto se apoderó de tus ojos y fueron el vivo reflejo de años mozos que no volvieron.

Las canas de colores florecían de tu cabeza como una cascada de golosinas. Millones de anécdotas se borraron de mi mente.

En un momento desapareciste de la habitación. Sigilosamente busqué la salida de ese departamento. L puerta estaba con llaves.

Me sentí ultrajado. Violentado. Aburrido. Un payaso. Estiércol. Muerte. Desvelo. Desilusión. Atontado. Un súper hombre. Un prostituto y mucho más...

De pronto apareciste. Vestías como para desvestirte. Sonreíste a lo lejos. Los encajes me provocaban. Quería estar a tú lado. Despierto y cantando que alguna vez lo pude hacer.

Mis labios no pudieron contigo. Me ganaste la batalla y la guerra. Mi cabeza explota, pues te he buscado donde nos conocimos.

Tú, cambiaste de bar y la puerta quedó entreabierta...

domingo, julio 01, 2007

Mis esperanzas


Me niego a los pies helados. Me niego a creerte cuando me mientes. Me niego a ensuciar la bufanda. Me niego a una inanidad. Me niego a perderte nuevamente. Me niego a observarte. Me niego a penetrarte con la mirada. Me niego a llorar sin pasión. Me niego a secar tus lágrimas. Me niego a esperar una goleada. Me niego a las novedades del tiempo.

Me niego al café cargado. Me niego a despilfarrarte de vista y a lo lejos. Me niego a los atardeceres solitarios. Me niego a la perdida del infante. Me niego a creer en una deuda millonaria. Me niego a tú falta de voluntad. Me niego a una titulación universitaria. Me niego a votar el cigarro. Me niego a regalar mi Mantecol.

Me niego a arrecir. Me niego al mentolatum en los ojos. Me niego a la música triste. Me niego a tú belleza exótica. Me niego a malas conversaciones. Me niego a los prólogos ingratos. Me niego al romanticismo sin sentido. Me niego a los ojos cansados.

Me niego a vagos comentarios. Me niego a la caída del pelo. Me niego a que mi madre esté serena. Me niego a un Valparaíso cochino. Me niego a la rebeldía contraida. Me niego a la droga que provocas. Me niego a una cama vacía. Me niego a desconocer tú olor.

Me niego a la muerte. Me niego a la sabrosa comida. Me niego a dejar de reír. Me niego a despertar. Me niego a tentarme. Me niego a contradecir. Me niego a presentar mis multitudes. Me niego a repetir falsas partidas. Me niego a un mal libreto. Me niego a pésimas actuaciones.

Me niego a quedarme solo. Me niego a la sangre que provocan malos besos. Me niego a escuchar dialectos confusos. Me niego a la cesantía periodística. Me niego a verbalizar tú nombre cuando duermo sereno.

Me niego a ser atractivo los viernes en la tarde. Me niego a comprobar errores. Me niego a la felicidad. Me niego al desosiego. Me niego a las mañanas. Me niego a levantarme temprano. Me niego a las fotografías. Me niego a superar.

Me niego al cahuín. Me niego a los pasos cadenciosos. Me niego a manejar mentiras. Me niego a una irresponsable paternidad. Me niego a agradecer cada gesto. Me niego a la caballerosidad falsa. Me niego a revisar el correo. Me niego a las cartas que no dicen nada.

Me niego a besar tú boca que se contradice.

miércoles, junio 20, 2007

Deja mis manos


Los carabineros me querían llevar. Nada malo ocurría. Tabaco por montones era el tráfico. Risas constantes la panacea. Miradas cómplices la lujuria.
Unos besos extraños la fuente de inspiración. Sabiduría mezclada con tonteras. Amor calcinado. Olores a tú persona y aquellas palabras lágrimas.

Los carabineros nos radiaron como a los delincuentes. No tuvimos escapatoria. Ellos me conocían. Sabían que era el culpable de todo. Mi insignia era la de un aria. Mis ojos delataban lo consumido.

Un fuerte olor a gas inundó el lugar. Tus ojos se me aparecían en esa plazoleta oscura y silenciosa. Las vecinas salieron a chismear. El sargento era canoso. Quizás también cariñoso. Hurguetearon dentro del móvil y encontraron la evidencia.

Tu nombre apareció millones de veces y en trillones de ecos. Solamente yo los escuché. La diversión fue grata. Alcoholizada al máximo. Caminando patichueco. Semienrropado. Cabizbajo y deschavetado.

Fue muy dura esa derrota, pues no nos detuvieron. El móvil con patente negra se quedó sin batería. Tuvimos que empujarlo y la metafísica hizo efecto. Ese policía canoso se despidió de nosotros contento pues el procedimiento no fue más que un tramite.

Un susto para mis bolsillos.

lunes, junio 11, 2007

Feliz Cumpleaños


Han sido momentos en que mi maldad floreció como la de un asesino. Quise despojarle el alma a cualquiera. Nunca he sido bueno para las despedidas porque sencillamente no creo en ellas.

Son muchos años de agradecimientos en que mis manos se retorcieron junto a las de ella. Me dio alimento en momentos en que la hambruna carcomía mis reservas. Trató de crear una forma a la que nunca asigné la soltura de mi cuerpo.

La ambicionada mocedad sólo me ha traído más y más problemas. Augurando períodos que no llegarán. Inmolando los sueños; desechando las lisonjas y los consejos que de veterano de batallas fueron la única posibilidad de educación. Las exactas fueron su mayor esfuerzo.

Esa muchacha se supo perdida en este instante. La vida se le iba como la arena de las manos. Se apagaba como el cerillo que prendió mi tabaco. Dejó de berrear. Ansiaba encontrarse con el ángel Andrés. Se acercaba un descanso sempiterno.

Sus pasos se transformaron en lentos e inseguros. Ojos cerrados, mirada perdida, huesos rotos y una casa desvalida. Las ventanas nunca gozaron de protección. Las reproducciones tendían de la pared, así como las representaciones pictóricas del artista.

El vital elemento brotaba del alcantarillado y desbordaba el jardín de pájaros. Nunca hubo mal olor. Nunca sentí mal humor y esas empanadas serán un buen recuerdo. ¿Quién hará ese arroz al almuerzo?

La señorita estilo años veinte soportó lo que trae una vida. Dejó de apaciguar a los desorbitados; sus hijos saben de eso y sus alforzas son laureles de estratagema.

Hoy todo es frágil como el volantín que jamás aprendí a ennoblecer. Las labias de lecho a cama se apagaron de santiamén en momento. Los actores venezolanos sollozan desconsolados. Por un instante hubo ímpetu en mis trascendencias y la saliva se evaporó de mis labios.

Demás está decir que se le se postrará por siempre; se le conmemorará perpetuamente.

Piadoso éxodo, abuela.

domingo, junio 03, 2007

Sábanas Negras


Sabía que más tarde que temprano la bomba reventaría e inevitablemente se expulsaría toda la maldad envuelta en un papel celofán. Esos disimulados ojos verdes ampliarían aún más mi estrenado libreto.

Sabía que más tarde que temprano me ganaría un verdadero garabato de desilusión; un arrebato de despecho o simplemente un adiós resignado por culpa de la escena que me tocaba disertar.

El maldito reloj se movía más lento que de costumbre y la tabla de carne con ajo aún la podía oler; mis manos ensangrentadas por esas malas caricias se transformaron en el trofeo de guerras de ese instante.

Mis fosas nasales respiraban un aire purificado. Olían a fresa con chocolate. El gusto del cigarrillo de menta era el regocijo de mis dedos y la silueta se traslucía por la ventana.

Las musas lloraban y se secaban sus lágrimas con toallitas desechables. Las ganas de un mañana mejor aparecían. Tenía sed. Quería tener hambre. Colo Colo se asomaba como campeón. Sonó mi teléfono. Número equivocado. Soñaba con un buen sexo. Nada era como antes.

Las sábanas negras esperaban que comenzáramos con la acción!!

El propio escenario de mi vida comenzaba a bajar su telón y la música de fondo se hacía insoportable. Marvin Grave no tenía la culpa de nada...

Los ángeles me miraban desde el cielo y se burlaban de ese instante. Sostenían antorchas apagadas. El plasma del fondo de la habitación trasmitía la última de las películas pornos de Eva Morales.

Un fellatio ensordecedor se apoderó de mi atención y mi actitud inquisidora cambió radicalmente. Dejé de sentirme el de siempre. Fui un ingenuo muchacho y un virginal hasta de pensamientos. Odié nuevamente al que nos presentó. Odié el momento en que dije: Tú camino es el mío...

Las sabanas negras quedaron intactas y la amistad nunca murió.

sábado, mayo 26, 2007

Desafectado


Los árboles del parque San Borja fueron testigos de la historia de ese hombre que se enamoraba de esa mujer, así como casi todas las historias.

El muchacho esperaba impaciente, prendiendo uno y otro cigarrillo. Todo cambió cuando a lo lejos, su rostro se desfiguró de felicidad; a lo lejos venía caminando cadenciosamente su bella, pequeña y sensata princesa.

El abrazo fue furioso, volando desde el propio aire que ellos giraban tal como se hace volar un juego de sufridos hijos. El beso selló todo.

El bolso estilo cartero voló por los aires para luego caer en el pasto reseco. La tierra se encontraba húmeda, así como los calzoncillos del muchacho. Así, como el colaless de la chica.

Ambas manos recorrían sus rostros como si no se conocieran. Sus almas se torcían como la culebra que los obligaba a seducirse en ese lugar, a esa hora, en ese mes y es día.

Todo cambio de repente, se tornó nublado y sugerente. La ambición de ambos ojos estalló para nunca más seguir viviendo ese momento. Comenzó a hacer un frío intenso que calaba los huesos.

Las lágrimas se derramaron al instante en que me paré de esa banca. Era hora de partir y escribir sobre lo que no tengo. Sobre lo insufrible que se torna cuando no se tiene lo que se envidia. Abrí esa barra de chocolate con coco y emprendí el rumbo a una buena cerveza.

Las despedidas tienen un protocolo que se cumple al pie de la letra. Es un contrato intrínseco que firma cada individuo.

Una vez escuché a alguien decir que el amor era eterno mientras dura. Y ese beso fue eterno en mis pupilas. Aún lo recuerdo. Aún lo saboreo. Y sin haberlo dado.

viernes, mayo 18, 2007

Latinoamérica y Cerveza Negra


Mis recuerdos se están apagando como se diluye la propia esperanza de encontrarme con lo que busco por años.

Últimamente me he visto envuelto en un sin fin de especulaciones –y que como dice un piojo, son puras ideas mías-, las que me han dejado vivo hasta el momento en que se apaga ese cigarro.

A veces me pregunto el por qué todo es tan distinto como alguna vez lo dije y prometí. Si me vieran riéndome de mis desgracias, otro gallo cantaría en esta barata existencia.

Ese mismo piojo plantea que el tirarme al suelo, no es una buena táctica para nada. Me dice que lo mejor del mundo es ser un “maldito pendejo” al que no le importe nada más que el reír de buena gana a cambio de nada. No sé si estar tan seguro de esa táctica pero a ella le funciona.

Es por eso que me encontraba en lo mismo de siempre –se ha hecho costumbre que baje con el último de los libros de Sabato y lo lea para seguir leyéndolo - cuando se me acerca el motivo de este nuevo vuelo.

Se llama josefina. Es argentina; hermosa y sutil. Se ha radicado en este país creyendo que le ayudará a escapar del propio. De sus temores y de un ex enamorado extremadamente aprensivo.

En su tono propio de alguien del sur de ese lugar, me dice: ¿Qué vas a tomar?

Mi reacción demoró cerca de tres milésimas de segundo antes de contestar: “una Kunstman Negra y un cenicero”.

Ella se dio cuenta de que otro ingenuo escolar de los amores había caído en sus maravillosos ojos verdes; su tes alba como la camisa del campeón del fútbol en Chile; sus largas y cuidadas uñas y su pelo completamente liso como lo es mi literatura.

Me pregunté dónde la había visto antes y quién puede recordarme tanto a otra persona. En ese momento no me esmeré en reconocer ese recuerdo o imagen fugaz que apareció y se me incrustó en mis pupilas para desaparecer al instante en que mi propia costumbre de recordar mujeres en cuerpos de otras me lo permitía.

La conversación no tardó en aparecer el mismo instante en que me comentó que vivió muchos años en El Tigre; que fue bailarina de los “Pibes Chorros”, que trabajó en Carrefur o que era hincha furiosa de la “Hiena” Barrios.

Mis estadías en ese local se transformaron en una maldita obsesión; incontrolable por mis ganas de ver pasar a ese pequeño espécimen trasandino.

Soñé que nos habíamos conocido en mis mejores momentos, cuando mi cabeza solamente tenía buenos y sabios consejos, palabras al viento y mucho glamour.

Transcurrido el tiempo ella se marchó del local dejando una estela que no la disimula ni el olor a tabaco quemado. No fue necesaria la despedida, pues nunca hubo una bienvenida.

Solamente puedo decir que ese bareto no es lo mismo, aunque Latinoamérica sigue viva gracias a Raquel; la limeña Raquel.

jueves, mayo 10, 2007

Beso Rojo


Los imanes cada vez eran más potentes en mi cabeza. No podía separar la realidad de la ficción. Me dijeron que nunca lo había podido hacer, pues mis fantasmas y fantasía se encontraban en la vereda de la esquina.
Se alojaban en mi hemisferio derecho y me punzaban cual polilla rompe el bolso de libélula. Sonreía de mala manera y pretendía viajar hacía un lugar que se encontraba despoblado.
El Periodismo era y fue mi mejor corrida. Mi vía de escape y mi salida momentánea.
Todo temblaba como en el mismo Fiordo de Aysén y mis palabras se las llevaba el viento. Mis sueños húmedos aparecían cual reto materno. Mis padre me ganaron nuevamente la partida con los Jocker que se burlaban de mi.
Quería encontrarme con casualidades suaves. Con la verdadera verdad de la que habla Fito o con mis fantasmas. Todo estaba donde mismo. La botella de agua se había acabado y mis pupilas sonrientes por los alucinógenos no se enfocaban.

Ese beso fue más potente que nada...

miércoles, mayo 02, 2007

Una Rosa


Me contaron que las prostitutas en Bruselas, tienen una rosa roja en la cabecera de sus camas. Ese gesto representa que ellas, al igual que los sacerdotes, pueden guardar secretos.

Esa idea me pareció lo más romántico que habían escuchado mis ojos en los últimos años. En tanto que mis orejas seguían sintiendo firmemente esa pasión desenfrenada por escuchar y ver historias que pudiesen transformarse en una nueva alma gemela.

También me dijeron que alguien habitualmente despertaba con muchas mujeres en sus sabanas de azulejos brillantes. La misma prostitución de esos actos son lo que actualmente lo tienen convertido en un ser portador de millones de recuerdos. Sus amigos hablan de eutanasias.

Y aquí me encuentro, esperando que aparezca una nueva prostituta que me haga deslumbrarme en cada mañana. En cada ocasión que se me despierten las neuronas muertas.

Cuando era niño, vivía en un rincón desconocido. Hoy aprendí que ese nicho era mi propia imaginación. Actualmente prefiero seguir caminando con la cabeza agacha. Para no engatusarme con ojos mentirosos.

Descuidaba aquellas flores que se vestían con hermoso colores. Y las damas de compañías se apoderaron de sus sonrisas.

Terminé la noche leyendo a Pablo Mackenna y su libro Cuarenta Noches. Allí aparece una frase que dice que las putas no dan besos, porque con esa misma boca, besan a sus hijos.

sábado, abril 07, 2007

Memorias y Eutanasias


Rememoraba diversas historias desde el último de mis encuentros. Fue hace dos semanas cuando caminando por el Parque Forestal, acompañado por mis cigarrillos, una botella de agua mineral sin gas, mi inseparable bolso y la eutanasia de mis propios amores apareció Ximena.

Ella fue una de mis musas de juventud. Y digo juventud porque de eso ya a pasado mucho tiempo. Caminaba de la mano de su pequeño hijo.

Nos saludamos cariñosamente. Besé su mejilla y jugué un rato con ese infante, no sin antes hacer lo que habitualmente hago con ellos... ensuciarlos con golosinas.

Quedamos de vernos para hablar un poco de nuestras vidas, contarnos que habíamos hecho el uno y el otro tras esa separación dolorosa y agobiante de aquel momento.

Ella era hermosa y lo sigue estando. Ella es pequeña y de pelo largo, liso y muy negro. Ahora está hecha toda una “mamá”; profesional de las pedagogías, con el pelo corto y echa una adulta.

Antes soñaba despierta, cantaba en voz alta, amaba sin tapujos y yo era el único problema en su vida. Antes nos creíamos dos infames adolescentes que tras un beso y una caricia podíamos cambiar nuestro destino. Un par de Romeos y Julietas que se pasaban por debajo de los pies a sus familias, amigos y estados mentales.

Antes pensábamos que lo racional era desinformación. Ahora hay muchos más.

Cuando toda esa historia murió, recordé cuantas farsas han pasado entre mis brazos. Cuantas damas se transformaron en lo contrario. Cuantos besos en alcobas clandestinas fueron los mejores besos dados.

Recordé cuando la droga era una nueva forma de jugar. El sexo no tenía amor de por medio y la fidelidad era una extraña palabra que sólo aparecía en el diccionario.

Perpetué esa población en los límites de las comunas de Peñalolen, Macul y La Florida. Se llama “Alberto Larraguibel”, bautizada en honor al capitán de Ejercito que saltó junto a su caballo “Huaso” una de las proezas máximas para la equitación chilena.

Creo ser un reo de esos recuerdos, porque no sé que hacer con todo aquello que está guardado en alguna parte de mi razón. No sé que soluciones fueron las encontradas tras el olvido inevitable de la adultez. Me preguntaba sobre la posibilidad de echar pie atrás y volver a ser ese malcriado y destemplado personaje que tras palabras diferentes, cosechaba caricias guardadas sin respeto alguno.

Todos hemos crecido lo suficiente y la vida mal oliente le hace asco a esos calendarios que ya dieron vuelta la hoja. Hago repasos de esos sueños inocentes de caricias inocentes y me doy pena por no volver a poseer casualmente esos muslos que gritaban inmovilidad por el nervio que poseían. Ha pasado mucho tiempo como para tener ganas de juntarme con Ximena.

Nunca llegué a nuestra cita. No era necesario porque mi vida está mejor así, llena de eutanasias.