jueves, enero 14, 2010

Comprador

Las ganas de escribir aparecieron de inmediato. Fue mucho el tiempo que dejé reposar cada frase, cada idea, cada momento. Mire y observé fielmente la realidad que me mostraban mis ojos. Parado en la esquina de la Alameda, allí muy cerca de la calle Miraflores, esperaba silencioso el llamado a mi celular.

Las micros llenas de micróbios con caras de sueño no veían nada de mis intenciones. Algunas parejas ebrias pasaban por el lado mío, y me pedían alguna moneda para continuar su desenfreno. Yo quería creer que las utilizarían para regresar a sus hogares. De seguro, sus padres no podrían dormir.

Conté un par de malandrines que miraron mis zapatillas, mi bolso cruzado y mis bolsillos. De seguro, ellos se enteraron que no sería una presa fácil, pues la calle te enseña no a solamente caminar de un lugar a otros, mirando al suelo... la calle enseña a mirar hacia el cielo.

Tras el llamado telefónico, tomé un taxi muy luminoso. Le dije al conductor que debía ir a tu casa. Él supo absolutamente seguir mi camino...

El silencio de la canción del grupo "La Noche" me hizo reír solamente para mi. Pues ya sabía en qué terminaría toda esta historia. Presupuesto realizado antes de comprar un poco de cariño.

Al llegar a tu morada que no es lila, bajé del móvil no sin antes pagar la "carrera". El conserje movío su cabeza en señal de salud y no hizo alarde alguno de preguntar quién era o dónde iba!!!!

Aquel pañuelo azul que rodeaba tu cuello fue el testigo privilegiado que tras una larga espera, un cuerpo desnudo merece una factura pagada. Una factura de sexo.

lunes, octubre 20, 2008

Piolin, muerte viviente...


Apareciste como en la humedad de mis ojos....

Fuiste un espectro viviente...

Mi intención era un cigarro...
apareciste...

Dijiste cosas que no escuché...

Tú bretel fue más fuerte...

No vuelvas a hacer eso...

No supe qué decir...

Tenías el pelo más largo....

Pero la misma cara sonriente...

Recordaste mi hombría....

Adyacente....

Espero poder verte, sinceramente...

Menos alcoholizado...

Pero más sonriente...

jueves, octubre 09, 2008

Fumando espero...


“Fumando espero”...

Esa fue la frase que me dijeron en la esquina.
Yo estaba fumando y soñando que caminaba lejos.

El ruido dejaba huellas poco visibles.
Corría rápidamente para que no me alcanzara ese viejo anhelo.

En los bolsillos no tuve nunca esperanzas.
Incongruencias puras y non sactas.

Le mentía a todos y en cada segundo.

Quise ser una pelota de trapo que llegara al cielo y mi madre miraba mis desconsuelos.

Movía la cabeza y se lamentaba.

Preferí seguir trabajando en mi literatura...

Muy distinta a esto...

lunes, mayo 12, 2008

Des-cuecado


Otra vez me fui infiel. A mis lealtades, a mis fantasmas, a mis audiencias de corte ingles y mis salvados temporales. No cabía la angustia, ni los llantos de expertos, las metáforas reconocibles y los sueños despiertos.

La radio, la televisión, el Internet y el tiempo, me hacían cómplices de esos infiernos. Calmados por simple convicción, y enamorados por pura pasión sin un tiempo.

Coplas de un cantor sin guitarra, sin la efusión arriesgada y las historias desechadas. Víctima de las circunstancias, de un buen beso, o de las mismas sustancias.

Cabeza agacha me destierro, en todo momento, en todo lugar y en muchos supuestos. Enceguecido por la luz, de aquellos buenos cuerpos, que se reían por la noticia de Curepto.

Cobijados en las sabanas de recuerdos, sumergidos en sus oriundos pretextos.

Me despierto y pienso en ella. En las caricias a destiempo, en los cuernos del toro hambriento, en la fatiga de la última noche, y n lo bueno, y en lo malo que nunca fue cierto.

viernes, mayo 02, 2008

Vox Populis


Me moría por saber que pensaba. Dónde estaba, qué hablaba, cuándo lo decía, cómo lo decía y a quién. Me angustiaba el no verla. El no saber de ella. El degustar sabores irracionales. Sentirme victimario de un delito no cometido. De una blasfemia absolutamente irracional.

Al deseo prohibido. A una cara de princesa triste, llena de mentiras y tentaciones tácitas.

A esa altura de la noche, me cansaba despertar en unas piernas femeninas, pero ajenas. Subidas de tono, donde la carne es más degustáble que en una parrilla, con cerveza y amigos.

Volvía a sentirme como siempre. Sumido en un descomunal mal gusto. Obviado por la comunicación sin mensaje ni emisor.

Los días pasaban como los de Tucker. Ese que se transforma en un Donjuán siendo un “Don nadie”. Cómo explicarlo. Como aceptarlo. Como verse nuevamente en una cama desconocida después de un par de piscos sour.

Me recordé por un instante de tantas de ellas que dijeron “espérame, voy y vuelvo”. Me imaginé una historia en que era el ganador de las entrevistas y donde la profesora de turno me comía a pedazos, despacito, con música ad hoc.

Sin querer me idee un vox populis donde la historia era yo y mis fantasías.

sábado, abril 05, 2008

De Traje Café


El camino debía comenzar donde lo dejé. En una calle desencantada, oscura, triste y desmejorada. Pero no fue así. Nunca me enfadaba por esas raras situaciones que se parecen al caos más engreído que Olguín pueda conocer.

Mi eco me respondía las mismas cosas que antes. Eso de esperar por las posibilidades y los esfuerzos suele ser un buen discurso periódico, pero nada más.

Y allí me encontraba y allí se encontraba. Vestía maravillosamente, como nunca la había visto. De café, traje de desastres incólumes. Europeos de cuello y corbata.

Mis jeans azules y desgastados, mis zapatillas onda juvenil, sucias y rotas; clásicas poleras que ya cumplieron su vida útil, bolso cruzado, chaleco onda “Mister Rogers”, agua en una botella, caminar rengo, silenciosos y cadenciosos y en ocasiones un cigarro en la mano.

Y allí estaba ella. Silenciosa, esperando algo, esperando a alguien que no eras tú. Ni tampoco yo. Hola, dijo cuando se aproximó a mi sitio. Hola contesté como un gentleman a la antigua.

Me puedes decir la hora, preguntó. Las siete veinticuatro, volví a contestar. ¿Dónde queda la calle Santa Victoria?, consultó al instante. De avenida Matta, tres o cuatro cuadras, debes caminar derechito por Portugal.

De no conocer Santiago ni levantar la cabeza al momento de cruzar la calle, ella sería un despiste de mis ojos...

domingo, marzo 16, 2008

Claudia


Doce años pasaron después de la separación voluntaria. Algo que la vida y el destino conocen perfectamente. Para eso han venido a este mundo, para eso reposan tranquilos en sus sillones de mármol. Beben su licor y conversan, quizás con la Pachamama...

Dormido estuve despierto. Trabajando en ese frente televisivo. Plagado de escamas, recordando tus fotografías vacacionales. Tus nuevas palabras, tus nuevos gestos. Esa risa furiosa. Esos molares característicos. Las manos cuidadas. El fin de este planeta. Aquel “Mañungo” escuchado en la vitrola inexistente.

Tras esa casona plagada de hombres y mujeres que soñaban el ser grandes y poderosos; cada uno con sus riquezas a cuesta; niños burbujas y con ecuaciones en su baile, el café y uno que otro cigarro, fue la isla de resistencia de este solitario naufrago.

Me reía a carcajadas por ese de la motocicleta y su pasión descomunal de precoz calentón. De los anacronismos de colegio; de más mulatas en los vasos. Por la hermana de uno de ellos; de mi, de ti...
De nuestro plan silenciosos y mentiroso. De tú rostros de niña ejecutiva; de lo rubia que saliste y de lo morena de llegaste.

Me reía por haberte encontrado, de tu correo electrónico, de tus verdades, tus tatuajes desaparecidos, del paraíso, de tus amores “reales y no tantos” de tú calculo matemático, de tu nula literatura; de tu conciencia por el privilegio que significa ser aquella “claudia” y no otra persona.

Aletargada por todo y maravillosa por otro poco; de tus mundos posibles; de tus fantasías, de la música que escuchamos y de los recuerdos de desamores...

Me sonrojaba con la aparición del rencuentro y del vértigo que sentía mi cabeza; pensé en un nuevo sueño, en una nueva realidad, en sentirme netamente un bufón que danzaba entre sábias dulces y hogueras.

Pensé en los cielos y en el ciprés que debe crecer bajo el firme roble, pensé en una lámina y sus sueños que canta en el poeta. Ese maldito que me recuerda a Carolina...

Me cuestioné de la mano de la vida, la que puede contener los corazones y permanecer juntos, pero no demasiado juntos. Pensé en pilares separados, en fatigas, en cansancio, en el alcohol, en un poco de sexo, en la posibilidad de vivir en una misma ciudad y no encontrándose jamás.


Al amanecer, camino a mi hogar, el café me seguía acompañando. El servicentro que colinda con Diagonal Paraguay, amaneció junto conmigo. Huía de ti, de tu fascinante historia de niña a mujer...

Huía de un mundo en que el amar puede doler, y que el amor de un reencuentro en más fuerte que lo que no pudo ser.

Nuestro reencuentro se produce en el mejor momento. Ambos estamos en otra partida...

viernes, marzo 07, 2008

Pistolas y Rosas


Variadas fuentes directas me comentaron que debía tener cuidado. Que la fragilidad de mi espíritu era lo más importante.

Nunca me fue fácil el acercarme a nadie. Me olvidaba de las tácticas; me despreocupaba de las estrategias. Se me acababan las palabras y el regreso siempre fue la mejor de las excusas.

Las amistades controlaban mis tiempos; mis horarios, mi felicidad y todas las promesas de fidelidad.

Nadie jugaba ese campeonato en el que los olvidados éramos el capitán del equipo. Las pocas ganas no me hacían regresas a ese comienzo. A esa instante. A ese mutilado músculo irrigador de meteoritos.

Al momento de escribir todo esto, los truenos me asustaban como al infante. Imaginaba que un rayo caía desde el olimpo de Sísifo, me golpeaba y no me permitía terminar esto.

El pavimento era como un noviembre que oí hace muchos años; con zapatillas blancas, jeans ajustados, un poco más de pelo y poleras con una flor y una pistola.

Todo esto para decir que la maravillosa que coleccionaba canciones, dejó de llamar.

domingo, febrero 17, 2008

De Pie


Fijamente me miraron y me dijeron que conocían mis miedos como los suyos; que el infierno es tu hogar. Tus culpas las cargaste duramente durante muchos años. Chupaste limones sin sal y te abandonaron cual casero.

A esta altura del juego, todas las palabras se las lleva el viento como las marcas de la edad. Como las metáforas abandonadas y las flechas con puntas de oro que se incrustaron en lo más profundo.

Aún siguen sonando melodías sin sentido. Voraces situaciones. Matemáticas in entendibles y pentagramas curvos.

Teoremas sueltos, paráfrasis desafinadas; ideas concretas y semiologías sin signos. Libros a medio leer y prosas a medio concluir.

El trabajo me aborda los sentidos y la lujuria me abandono sentado en la mesa.

Una vez leí que se debía compartid el pan, pero no comer del mismo trozo; que el cantar y bailar juntos debía generar independencia. Y que ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

Por todo eso, todas las mañanas compro solamente una marraqueta.

domingo, enero 27, 2008

Hombre


De visita en la casa de unos indeseables. Nada me hacía pensar en lo desagradable de la historia. En el momento en que acepté ese trigal. Esas calamidades, a esa nueva historia de pelos al viento, luz al sol, al dueño bruto de una despedida. A ese quijote sin su sancho...

De entrada mi ropa era distinta. La corbata no existía. Las patillas eran más grandes. Los zapatos en mi eran zapatillas. Las camisas eran una polera que tenía el slogan “Diego Maradona”.

En la mesa el café era amargo. Las felicitaciones aparecían a su hermano que compró un cartón en la del desarrollo. El perro de la casa me olía las patas. El ginebra no se combina con coca cola.

Su madre me observaba. De pies a cabeza. Me miraba como indicándome que cometía el error de mi vida. Me decía que nadie se había podido vincular a esa familia. Porque nadie estaba a su altura, social e intelectual.

Las tías eran una mujeres sangrientas. Comían el pollo con las manos. Se olían los dedos después de chuparselos. Una rareza en estos tiempos. Una ordinariez en mi población.

Una de ellas me pregunto: ¿qué oficio posees? Respondí que el más añejo del mundo. Me miraron y su guiño a apareció en su frente.

Dije que era el oficio que había retratado a dios hecho hombre; el que registra el diario acontecer con ideas que fluyen como una corriente tibia.

Esa que te enseña a ser curioso, que obsérvale paso del sol por las esquinas, la que mira todos los días al mundo como si éste hubiera sido inaugurado el día anterior, descubriendo el juego de las luces y las sombras.

Esa que hace que un hombre practique intensamente la más hermosas de las libertades. Y que te hace caminar con soltura por los senderos y vericuetos por los que se trajinan la paz y el amor, cuando las calles se encuentran apagadas, ocupadas y en riesgo.

La madre me preguntó si me había titulado. Yo dije que estaba a punto de titularme de algo más hermoso...

...de hombre.

domingo, enero 20, 2008

Como el Tiempo


La ciudad estaba plagada de espectros. Todos caminaban apurados. Llevaban una sonrisa parecida a la del "Tila". Los versos consumían la medición de sus vidas. Las guerras internas mataban a cualquiera. Mejor ni hablar de las condenas sociales, esas son las peores.

Nadie supo bien, cuales eran las esperanzas. Nadie quiso ni siquiera mejorar sus intenciones. Sus visiones auguraron la más bastarda alegría. Mi botella de agua se esfumó al salir.

No quiero pensar en cuantas faltas ortográficas tiene este texto. Pues solo veo esos ojos marrones que me observaban en ese salón de clases. Ambos confiábamos en nuestras características. Queríamos un 7.0 o algo parecido. Algo me decía que lo conseguiríamos, ya que ella me había aceptado un poco más.

Se había sincerado como nunca nadie lo hizo. Volvían a confiar en mí. Eso me parecía raro como los hombros de un jurel. Extraño como los cabellos de la botella o la saliva de la momia.

La huida fue casi al instante. Prefiero el barrio Bellavista y aquellas miradas que no dicen nada, porque es más fácil y mis mentiras son lo más real que tengo...

viernes, diciembre 28, 2007

Viaja Clemente


Leía la carta de Cristian Warnken dedicada a su hijo Clemente. Se esbozaba la muerte del muchacho que partió desde su propia casa hasta quizás no sé donde.

Pensaba en la muerte. En lo qué se siente con la muerte, en cómo se vive la muerte. También recordaba mis propias muertes. Mis propias vidas. Fantasías, luchas de existencia, historias de muertes.

Creo que la columna del autor chileno le hace bien a su reconciliación con el suceso. Con los compromisos a solucionar sus penas.

Imagino la muerte de un hijo. Ideó la posibilidad de sentir un poco más de alegrías en esos momentos. Se me erotizó la piel al leer esta columna. La columna de un niño llamado Clemente, que ahora es de todos nosotros.

Si quieres leer la columna haz clic en el link.

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2007/12/27/clemente.asp

miércoles, noviembre 21, 2007

Una guerra en su cuerpo


Ella se transformó en el último de los brillos de esa noche. Tranquila caminó rumbo a su velador, perfumó sus sabanas y se acurrucó a la orilla derecha, pegada a la pared.

Martín corrió disimulando una huída. El reportaje de José María Rodríguez estaba en su cabeza. Su tesis universitaria no le permitía sueño reparador.

La poesía y los cuentos de Barreto eran su alimento. La discusión sin sentido con su amigo Torres, su vía de escape.

El sexo fue a ratos furioso. Despacio por momento y alocado por otros. Sus dedos recorrieron aquella espalda pecosa. Alba como la camiseta del campeón de campeones.

Sus besos eran balazos que rompían sus labios. Dios mandaba a no entender absolutamente nada. Ser una araña que duerme en su rincón.

El rigor de esa noche afectó profundamente a mi amigo, pues volvió a soñar que sangraba el asfalto. Que le amaban a escondidas. Que Colo Colo era campeón y que el reportaje del mutilado veterano de la batalla de 1879 era publicado.

Las anécdotas graciosas no se encuentran en este rincón olvidado. Los ojos volvieron a llorar sangre y las palabras se transformaron en algo no escuchado.

Se vendió por unos brazos que buscaban cariño fácil. Como el reconocido por siempre.

Mi verdadero amigo Martín me reclama que no lo incluya en mis cuentos. En tanto, su mujer se ríe a carcajadas. Ella no entiende nada...

sábado, noviembre 10, 2007

Pretexto


Nuestro encuentro fue casual.

De profesor a alumna; de compañero mayor a primeriza; de editor a editada; de niño a niña; de mujer a hombre; de miradas, risas y su mano en mi brazo a miradas que no dijeron nada o de un hambriento que tras la labor desempeñada recibió un alfajor y una bolsita de maní, pasa y almendras.

La fatiga se dormía en mis brazos.

La soledad se burlaba nuevamente, lo desafectado de pudrió y las ilusiones florecen.

Pequeña criatura vestida como la hija que no llegó.

Ondulais natural. Sanamente dispuesta a disparar una bala en plena sien.

Dividiendo besos. El trabajo merecía algo más. El esfuerzo fue total.

La despedida llegó plenamente y la basura acumulada en el tacho quedó como reflejo del segundo de sueño.

Miles de muertes han acaecido. La música dejó sus partituras inconclusas y al parecer ella busca algo más.

No quedó satisfecha con la edición... y yo tampoco...

domingo, octubre 28, 2007

¿Dónde estará el futuro?


No puedo recordar su nombre. Ricardo Retamales o Ricardo Retamal. Compañero de la colegiatura más pendeja que se tiene. Cursos en que nadie aspiraba a nada; no se compite y menos había lugar para desgracias.

Buena velada a orillas de Pio Nono. Mucha Heinekenn. Mucho tabaco. Muchas horas de conversaciones rememorando futuros y pasados que pasaron sin pena y con mucha gloria.

Acuchillamos a las estrellas con las pupilas dilatadas en imágenes con camisas blancas, pantalones plomos, chalecos pingüinos y una fea corbata con las insignia del viejo colegio destruido por la modernidad.

No entendíamos de política, ni de religiones, ni de amores ni de muertes. Ni de frivolidades, ni de desleales, ni de la vieja Mercedes que murió esperando que le diéramos las gracias por lo enseñado.

Hablamos de cosas bonitas, con los ojos cristalizados.

Buena suerte, hombre...buena suerte!!

miércoles, octubre 17, 2007

Las Palomas Doradas


"Las tumbas son para los muertos y las flores para sentirse bien...”.

Eso dice una canción de los Fabulosos argentinos que trascendieron en mis oídos. Muchos temas han muerto desde el día en que te marchaste necesariamente. Ahora lo entiendo perfectamente.

Sabías que las personas se mueren y no vuelven a vivir.

Sabías que tras muchos años de espera, hasta un buen plato de caca sabe rico.

Esperabas un comportamiento ejemplar a orillas del caótico ruido de la ciudad que está en llamas.

Los labios parecían olvidados, muertos el día en que brotaron y se apaciguaron lentamente tras los cúmulos olvidados.

Te quiero tan cual eres; con la mirada muerta en los niños terroristas. Las palomas que se movían tan rápido como querían. La tecnología abrumaba mi cabeza, mi bolsillo y todo lo demás.

Eres lo único real que tengo y te encuentras en otra galaxia.

Actualmente vivo en la década de los olvidados, los muertos saborean alcohol puro, y la saliva se desagua tras el último de los sorbos.

Aucas aparecieron tras nuestra caminata oscura, el dilema de la existencia se torcía como el amarillo crepúsculo que tanto detesto.

lunes, octubre 01, 2007

Sigue Riéndote...


Sigue descoyuntándote de aquellas cosas que extrañamente se transforman. Porque esa noche no volverá; siempre y cuando yo lo quiera.

Mis amigos gay me susurran al oído –con mi consentimiento- que debo cambiar la táctica. Algo así como embetunarme en tus historias hasta el punto de lograr un orgasmo fingido.

La verdad es que me siento un poco muerto; sin ganas; sin pasión; sin vergüenza y sin sonidos.

No creo ni en mis instintos. Ellos me han defraudado sin mi consentimiento; me comentan que mientes en todo momento, en todas partes a todo el mundo y, sin temblar.

No me puedo olvidar de aquella mañana cuando felices miramos espejos y las manos me sudaban cual nerviosismo empedernido.

No buscando señales ajenas, porque quiero mi nombre en tus labios y que los errores se transformen en virtudes.

Mi horario se encuentra ordenado, nada lo inmuta. Los papeles en mi oficina imaginaria siguen desordenados. Y las palabras perdidas.

No he ido a firmar en días y se me acaba la semana. Me arriesgo a que carabineros me atrape y me condene como a tantos.

Las calles de Santiago siguen en el suelo. Y sigo siendo un cobarde que le miente al mundo. Es más fácil. Es más tentador. Es más basura y más humano.

Las historias tienen ese final que huele a mierda. A ausencia mezclada con paz. Prefiero caminar boca abajo, no mirando rostros, dejando que piensen que soy un delincuente que les quiere robar la cartera.

Las historias se terminan como las trasmisiones televisivas y las palabras al cierre se me hacen coherentes.

Me acabo de quemar el hocico fumando de ese Belmont. Los paraísos siguen desiertos, los rumores abundan en todas partes y acabo de aprender que los sueños se hacen despiertos; son más entretenidos y siempre salgo victorioso.

Sigue riéndote pero no de mí...

miércoles, septiembre 26, 2007

Una Piedra



Estábamos los dos sentados en su sillón de plumas de ganso. Nos habíamos conocido hace años pero ambos nos evitábamos. Sabíamos que más tarde que temprano iba ocurrir el milagro de mirarse sin decir nada.

Los dos teníamos el corazón hecho pedazos. Como aparece en aquellas tragedias griegas que tanto nos gustan leer y que sabemos que te matan al abrir el libro.

- Eres como un vulgar educado. Pareces un extraño que todo lo sabe. Quiero vivirme este momento despacito y sin tormentos. Y si quieres irte, sale de inmediato para que me duela menos, me dijo al instante.

La mire sinceramente. Argumenté que el pisco sour estaba demasiado agrio. No quise decir nada porque sabía que temprano debía marcharme. El trabajo en la universidad es intenso.

El foco mental se me alumbró y después de beber un poco más de ese pésimo pisco que dignamente había preparado, pregunté torpemente, como no sabiendo lo que decía.

- ¿Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Ellos habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza?

Y ella me contestó:

- No, en la mitología griega Sísifo, fue hijo de Eolo y Enarete y marido de Mérope y fundador y rey de Éfir; fue condenado en el infierno a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio.

- ¿Acaso el amor no parece a veces esa piedra?, pregunte de inmediato.

El silencio se apoderó de la habitación. Ismael Serrano dejó de cantar y nos pidió explicaciones por la conversación sin sentido.

- Claro, -atiné a decir- porque no es cierto que no está perdido aquello que nunca fue... y esto no es real. Ambos somos muertos.

Una lágrima brotó de su ojo derecho y la seguía una línea negra.

Comprendí que era hora de marcharme y que aún estaba infectado con el virus del miedo.

miércoles, septiembre 19, 2007

Pastillas de Respeto




Al parecer las llamas que dejó este rincón fueron sobrecogedoras. No me acuerdo de haber sobrecogido a nadie.

Un machista me dijo que las mujeres son como los buses del Transantiago; te bajas de una para subirte a otra que tampoco te sirve.

Yo prefiero caminar, es más sano, no contamino y conozco la ciudad.

Quiero una Coca Cola bien helada para pasar el mal momento.

Supongo que los anónimos tienen un nombre.

Nadie entendió mis actitudes.

En ocasiones me marcho para no decir la última palabra, esa que hace daño.

Nadie reclama nada, porque nunca tuvieron nada.

lunes, septiembre 03, 2007

Una Idiotez


Desperté asustado.

Tenía sed.

Era periodista de espectáculos y estaba en un backstage.

Sin darme cuenta me encontraba frente a Lily Allen, esa chica londinense de 21 años que bebe cerveza y fuma mientras canta.

Hablaba perfectamente ingles y la entrevista fluía de lo lindo.

Nos reímos a moco tendido y me coqueteó como raras veces me ocurre.

Dormimos juntitos y las palabras sobraban.